Todavía hay muchas empresas que mantienen empleados en ERTE. Y según el último acuerdo, si las empresas tienen trabajadores dentro de programas formativos consiguen una exoneración del 80% en seguros sociales por cada uno de ellos.

 

Es una fórmula para que tanto empresa, como trabajadores puedan salir beneficiadas. Por un lado, las compañías logran más descuento en las cotizaciones, un ahorro importante. El empleado ocupa su tiempo libre mejorando sus capacidades. A la vuelta a la actividad esto debería implicar una mejora de su productividad o conocimientos para hacer mejor su trabajo.

En el peor de los casos, si su empresa acaba cerrando tiene que buscar trabajo va a tener un perfil más atractivo para aquellas que tengan vacantes, al haber mejorado en determinadas áreas gracias a la formación realizada durante el ERTE.

Una inversión que puede salir muy rentable

Lo malo es que la formación implica una inversión que muchas organizaciones no se pueden permitir en un momento como el actual. Es aquí donde la formación bonificada puede servir de aliciente para aprovechar unos recursos que muchas veces se dejan pasar.

Hablamos de cursos y créditos para la formación que muchas compañías no han utilizado, pero tienen disponibles. Una vez seleccionados los cursos que nos interesan y los trabajadores que los van a realizar la empresa debe:

 

  • Presentar una declaración responsable a través del sistema RED por cada uno de los trabajadores que van a estar dentro de los programas de formación.
  • Los representantes de los trabajadores tienen que ser informados previamente de las acciones formativas que se quieren realizar y los empleados que las llevarían a cabo.
  • La formación se tiene que llevar a cabo en horario laboral, tanto para aquellos empleados en ERTE parcial como para aquellos que están en ERTE todas las horas.
  • Los cursos que comiencen en 2022 tendrán que finalizar antes del 30 de junio de este mismo año.
  • La bonificación se aplicará una vez finalizados los cursos.

Un sistema con algunas lagunas

Lo cierto es que no todo son ventajas. En muchos casos la empresa no sabe qué previsión de vuelta al trabajo tienen sus empleados. Y en muchos casos, cuando llega se pasa de cero a cien en muy poco tiempo. Un día estamos en ERTE y la semana siguiente podemos estar desbordados de trabajo.

Y esto puede provocar que se abandonen los cursos en marcha. O que la empresa llame antes a empleados que no están dentro de estas acciones formativas, para no perder las bonificaciones o lo ya invertido en cursos.

Además, muchas empresas lo que les interesa son acciones formativas internas, donde sus empleados adquieran formación práctica o experiencia en áreas diferentes en las que están habitualmente, pero que por falta de tiempo no se pueden dedicar a formarse. Y estas ni están bonificadas ni tendremos la bonificación en seguros sociales, aunque sean la mejor alternativa para muchas compañías.

 

Por último, hay muchos cursos que dejan mucho que desear. Las empresas realizan una inversión, cuyos resultados y calidad después no se corresponden con el esfuerzo realizado ni por parte de las compañías, ni del tiempo dedicado por los trabajadores.

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